"En navidad también se vende la magia. Por una vez en el año los adultos se permiten el lujo de creer en las ilusiones: '¡Mira! -dijo una madre a su hijo- ¡es el viejo pascuero!, mientras pasaba un hombre cuyo trabajo es vestirse de tal para poder comprar los regalos que ningún viejo pascuero dará por él. Los adultos se pueden identificar con la magia perdida de la infancia. En occidente, en la sociedad del desencantamiento del mundo, devenir adulto es devenir desencantado. ¿Como se sostiene un mundo carente de magia? Gracias a estas temporalidades mágicas en las cuales el orden desencantado queda parcialmente suspendido"
"El empuje a comprar por afecto refleja la captura capitalista de la necesidad del Don teorizada por Mauss como la triple obligación del dar, recibir y devolver. Aquí observamos la omnipresencia del mercado que mediatiza los intercambios con el dinero y confunde el valor de uso con el valor de cambio. ¿Donde queda el valor afectivo? Es valor de uso, uso de los afectos, pero el uso afectivo queda reducido y expresado a través del dinero. Dime cuanto gastas y te diré cuanto me quieres"
"En mi familia no nos reunimos, pero en navidad nos reunimos para comprar. Todos nuestros diálogos se unifican en el lenguaje de los precios, haciendo gala de la disciplina del mercado: te demuestro mi aprecio dandote datos de regalos buenos y baratos. Pero no te doy todos los datos si eso compromete el valor del regalo que te daré a ti. El cariño se expresa a través de una dinámica del ocultamiento que dice que lo que importa es la apariencia: si consigo por 5.000 hacerte creer que te quiero 25.000 entonces hice una compra inteligente. ¿Qué es lo que compro? Tu afecto. Ahora bien, ¿no es exactamente uno de los grandes triunfos del capitalismo haber convertido un símbolo de austeridad (nacimiento de cristo) en un motivo de consumo, en una palanca del consumismo?"
"Me subo al colectivo y en la radio el Sernac aconseja comparar los créditos para elegir el más económico. No aconseja no endeudarse, naturaliza el endeudamiento, aconseja sólo que este sea lo más económico posible. Hay una 'higiene del endeudamiento'. A pesar de que se moraliza todo las deudas no se moralizan, lo que se moraliza es la deuda impaga, pero no el endeudamiento. En navidad no se habla del cerdo despilfarrador, pero sí del tacaño que no hace regalos. La moral navideña es del consumo. ¿Por qué es importante dar objetos? Porque algo de la persona que lo da está presente en el objeto (Hau de Mauss). La persona prolonga su presencia en el objeto regalado y en el espacio social, los objetos al ser valorados diseminan esa valoración a las personas que lo regalaron"
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