jueves, 21 de enero de 2016

Este sistema capitalista al que le llaman neoliberal



Este sistema capitalista al que le llaman neoliberal, me tiene sentado frente a un computador ingresando ventas de productos que según la gente son de “primera necesidad”, me parece dudoso aquello: porque no vendo comida, no vendo camas, ni si quiera vendo drogas, si no que vendo artículos electrónicos y accesorios para celulares; de manera inminente me surge una pregunta, esa necesidad de la que hablan mis clientes (como un cargador para su celular si no estarán incomunicados, cables de audio, enchufes de pared, radios portátiles, controles universales para televisores, etc.), ¿realmente es un necesidad intrínseca dentro de ellos?, más bien me parece una necesidad diseñada, formada e implantada por el sistema, sistema el cual genera necesidades artificiales y basadas en el consumo, grandes estrategias económicas con intereses de fondo. A veces siento que  esto se no ha escapado de las manos. Pensé esto cuando mi supervisora me regañó por no cumplir la meta diria de ventas, si sigo no cumpliendo metas me despedirán por ineficiente, es decir, por inservible para el trabajo en el que estoy. Fue en ese momento que me di cuenta que ni si quiera se para quien trabajo, mi jefa no ganara menos si yo vendo menos, pero si gana dinero por regañarme y exigirme vender más, no conozco ni si quiera una persona que se beneficie con mi trabajo realizado, pero de seguro que existen; a lo que quiero llegar es que las estrategias económicas se gestan en lo macro de alguna institución para a su vez afectar e influir en lo más micro e inconsciente del ser. Aquel regaño de mi jefa no duró mucho, debido a que algo fuera de lo común sucedió esa misma semana y en la siguiente, el Mall Plaza, una de las instituciones más simbólicas del capitalismo en la ciudad y país, estaba totalmente rebalsado en gente, rebalsado en plata, en tarjetas, en compras, en desesperación, casi como una euforia colectiva frente a mis ojos; no solo cumplí mis metas del día durante esas semanas, si no que las triplique, cambio repentino que tuvo sentido cuando miré el calendario y noté que estábamos en las últimas 2 semanas del año, o sea, se acercaba la celebración de la paz, de la unión, de la solidaridad, la fiesta más esperada por los niños pero no tanto por los adultos: estábamos a vísperas de la navidad.

Detrás de la fiesta de la navidad existen diversas costumbres y tradiciones, ente ellas: adornos alusivos, un árbol plástico con luces y villancicos sonando lo mas polifónico posible, una cena donde se trata de reunir a la familia, y los infaltables regalos casi como un fin último de la navidad, lo que resulta contradictorio con el discurso normativo que reproduce y repite la gente:
·         Estructuras hegemonizadas dadas por el resto,
Seres incapaces de un análisis correcto,
El contexto los hipnotiza pensando que hacen las cosas bien
El capitalismo un chip implantado en tu cien.

Solo reproducen el discurso del curso actual,
Es injusto que reflexionen sin pensar,
Hablan de la navidad, de su verdadero sentido,
Estar en familia y celebrar a Jesús en una cena reunidos

La familia nos educa,
Nos dicen que los regalos no importan tanto,
Sin embargo resulta amargo
Que después de las 12 el único sentido sea ver regalos bajo el árbol.
Resulta una práctica tan internalizada, que abogamos por las “buenas intenciones” de la navidad (paz, amor, reunión, solidaridad, etc) pero aun así caemos en el juego de quienes nos tratan de regular, lo hacen a través de los “dispositivos de orden social”, es decir, escolaridad, religión, medios masivos de comunicación, entre otras estructuras que se pretende nos eduquen e informen pero con un material que solo ellos manejan y deciden entregar. Nos vuelven personas homogéneas, siguiendo un patrón de conducta similar (hablando en grandes rasgos) ya que les conviene, se les hace más fácil dominar. Entonces, es ahí cuando mi querida vecina luego de otorgarnos el sermón navideño de costumbre, hablando de la importancia de la unión familiar por sobre los regalos, se encontraba en la misma fila de clientes de mi trabajo esperando a comprar unas carcazas del nuevo iphone 6 s para sus regalones, sin dejar en segundo plano la cantidad de bolsas que colgaban de sus manos:
-          Que paso vecina?!, ¿no que los regalos no importaban mucho?
-          Shuta flaquito, tu sabí que lo niños son niños, después pensarán que ni el viejito pascuero ni yo los escucho, hay que mantener la magia con ellos al menos, ya que ya se perdió con el Lucho…
-          Veo que está complicá la cosa vecina, y que tal los regalos, ¿Están muy caros?
-          Pues claro que están caros los regalos, mis hijos la Belén y el Gonzalo cada vez piden juguetes más raros, yo ya ni entiendo la tecnología, ayer eran los soldado de plástico y quien sabe que inventan hoy en día, aunque fíjate que no los encuentro tan malo, en el comercial de la tele dicen que son más didácticos, me imagino que más sanos.
La publicidad esparcida en los medios es una de las herramientas más potente que tiene la hegemonía de turno, de alguna manera implantan en la población el ideal capitalista seduciendo al consumo, haciéndote parte del, porque de lo contrario no eres parte de nada. De cierto modo entendí a mi vecina cuando me dijo: “…tu sabí que los niños son niños…”, claro, que culpa tienen ellos de crecer en esta generación con estímulos tecnológicos constantes, con la televisión que moldea sus pensamientos, crecen con la concepción de la figura del viejito pascuero como un ser omnipresente y repartidor de recompensas en base al comportamiento anual, siguen creciendo y aunque se den cuenta de que en realidad los repartidores de recompensas y afectos son sus padres y cercanos y no el viejito pascuero, aun así siguen esperando su respectivo regalo, de lo contrario el niño sentirá que no lo quieren o que no les interesa a sus familiares; continua creciendo, y cuando el niño ya se hizo adulto lo más probable es que ya no esperé ningún regalo, sin embargo, se sigue sintiendo comprometido con la hermosa navidad, y esta misma le engendra en lo más profundo de su ser la necesidad de comprar regalos: CIRCULO VICIOSO,caímos redonditos.
Gastemos todo nuestro dinero en regalos!, de las deudas preocupémonos después, ¿te sientes angustiado?, no te preocupes, recuerda que la plata invertida fue depositada en tus seres queridos, es importante demostrarle tu afecto en estas fechas especiales, ¿aun así te sientes angustiado? ¿no encuentras el regalo que quería tu novia?, relájate! No olvides el verdadero motivo de la celebración de esta fiesta: el nacimiento del niño Jesús, ella sabrá comprender tu intención aunque no le guste tu regalo, de todos modos podrán celebrar el nacimiento del creador, ¿o acaso no te has dado cuenta de que somos todos religiosos?, por supuesto que somos todos religiosos!, sale a darte una vuelta por la ciudad, las luces en las casas, los adornos en las calles, los resplandecientes árboles de navidad en cada living (sin dejar de lado a los que instalaron el árbol blanco nevado, rindiendo honores a la blanca y nevada y navidad, de seguro que luego armar su arbolito salieron hacer monos de nieve), esto nos hace a todos participes de la navidad: católicos, evangélicos, ateos, delincuentes, millonarios, ¡a todos! ¿ No lo encuentras perfecto?!.
Déjame decirte que realmente es perfecto, perfecto para las grandes empresas, perfecto para Coca-Cola que hizo historia con la imagen del viejo gordo vestido de rojo, perfecto para los bancos que son precisamente en estas fechas donde se soban con más ganas las manos, perfecto para la moral occidental que continua con el éxito de una de sus costumbres más arraigadas.

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